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Technology addiction as a predictor of visual problems in early adolescents: a multicentre case-control study.

Authors: Çiçek E, Demir Bozkurt F, Büyüktopaç Çakıcı H
Journal: Primary health care research & development
mental health psychology open access

Abstract

El cannabis se extrae de la planta y entre sus principales componentes destacan el tetrahidrocannabinol (THC), responsable de la mayoría de los efectos psicoactivos, y el cannabidiol (CBD), no psicoactivo, compuesto diez veces menos activo que el THC y al que se le atribuyen actividades ansiolíticas y sedantes. El consumo regular de cannabis se asocia con dependencia, deterioro cognitivo, peor rendimiento académico y laboral, mayor riesgo de trastornos psicóticos, implicación en más conflictos o discusiones y prácticas sexuales de riesgo, así como con policonsumo. Se estima que aproximadamente uno de cada diez consumidores desarrolla un trastorno por consumo de cannabis a lo largo de la vida. Aunque algunos cannabinoides han demostrado utilidad clínica en indicaciones concretas, como control de náuseas y vómitos asociados a quimioterapia, pérdida de apetito en pacientes oncológicos o reducción temporal de la presión intraocular en glaucoma, el consumo no médico continúa representando un importante problema de salud pública. El cannabis es la droga ilegal más consumida a nivel mundial y la tercera droga más consumida en el mundo, después del tabaco y el alcohol, siendo la sustancia psicoactiva de inicio más precoz, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Su consumo ha aumentado en las últimas décadas, tanto con fines recreativos como terapéuticos, acompañado de una disminución de la percepción de riesgo, especialmente entre estudiantes. En 2018, la UNODC () calculó que el 3,9% de la población mundial (192 millones de personas) había consumido cannabis en los últimos 12 meses.